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Federico Braun, presidente de La Anónima: “Creo que como país somos un fracaso inigualable”

Federico Braun, presidente de La Anónima, es uno de los empresarios de más bajo perfil de la Argentina. En 1978 cuando asumió al frente de la cadena de supermercados familiar contaba con 11 sucursales en la Patagonia y 265 empleados. A lo largo de sus casi 40 años de conducción la convirtió en un gigante de 163 locales en 80 ciudades, 11.800 empleados y la cuarta mayor cadena a nivel nacional con ventas anuales por unos $ 31.000 millones. Hace unos días el diario La Nación publicó una entrevista exclusiva. Aqui algunas de las preguntas y respuestas.

-¿Qué saldo le deja la última crisis en las redes sociales con la ex presidenta atacándolo por la venta de huesos de pollo?

-Un saldo positivo porque pudimos explicarle a la sociedad en general y a nuestro personal en particular, qué es La Anónima, qué somos y qué no somos. En particular, Marcos Peña no tiene nada que ver con La Anónima. Yo tengo una familia muy numerosa, desgraciadamente para algunos y por suerte para mí, en el sentido de que terminé estando en esta empresa. Marcos Peña es uno de los 147 sobrinos segundos que tengo, nunca pisó La Anónima, jamás vino a estas oficinas (tal vez conoció alguna sucursal en un viaje a la Patagonia) y yo lo conocí hace cuatro años.

-La relación con Miguel Braun, secretario de Comercio, es distinta…

-El caso de Miguel es parecido: es hijo de un hermano mío que falleció, mi hermano entonces no tenía ninguna acción y, en consecuencia, no heredó ninguna acción. Tuvo en un momento una pequeña compra, como cualquiera de los miles de accionistas que tiene La Anónima, y las vendió en 2015 antes de asumir.

-¿Cuál es a su entender la causa de la caída de las ventas en supermercados?

-Son simples las razones: por un lado, la recesión que existe. Pero creo que de esto se va a salir. Ya junio dio 4,5% mejor que mayo. Pero eso no tiene que ver con la participación de los supermercados en la torta de los productos de consumo masivo. Es cierto que en la Argentina, donde en la década del 90 el supermercadismo llegó a tener la torta del 48%, después empieza a caer, caer y caer. Y hoy estamos en 34%. Si vos vas a Chile, ellos tienen cerca del 70%, y tienen tres cadenas que manejan cerca del 60%. Acá es mucho menor la torta y somos más actores.

-¿Es una cuestión cultural?

-La Argentina es antiimperialista, anticapitalista. y yo lo fui en mi juventud. No me extraña nada. Hemos vivido en este país un capitalismo no genuino. El capitalismo ve con buenos ojos al empresario, mientras que la Iglesia Católica, durante siglos, consideró que cobrar una tasa de interés era pecado. Entonces, es lógico: hay razones culturales e históricas que llevan a este fracaso. Creo que como país somos un fracaso inigualable.

-¿Qué opina del kirchnerismo?

-De alguna manera, es populismo, que toma cosas para que te confrontes con los buenos y los malos, los ricos y poderosos, y que plantea cosas irrealizables.

-¿El miedo a la posible vuelta del modelo anterior es lo que frena a inversores?

-Es bastante lógico que el inversor extranjero -y también el nacional- se pregunte si las promesas de Cambiemos finalmente se van a concretar o no. Yo, personalmente, creo que sí, que vamos en una buena senda. Pero no lo puedo asegurar y decirle a un inversor que venga. Creo que tenemos una oportunidad única para tener una mejor gestión de la cosa pública, que va a redundar en una mejora de los negocios para los privados. Por dos grandes temas: uno es la reforma impositiva, que todos los sectores reconocen necesaria, y el otro es terminar con la evasión. La mezcla de ambas es una de las grandes trabas para ser exitosos en lo inmediato. Por eso no tenemos buenas perspectivas. ¿Por qué seguimos invirtiendo? Porque creemos que el futuro va a ser mejor.

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