Tecnología

Después te lo mando por whatsapp (Cada vez más cerca pero mas lejos)

Me confieso un asiduo usuario de WhatsApp. Lo utilizo para trabajar y para comunicarme con mi familia. Grabo y escucho audios, con la misma frecuencia. Mando mensajes desde primera hora de la mañana. Hago videollamadas. Envío archivos en PDF. Reenvío fotos y videos chistosos. Reviso si me llegaron mensajes, reiteradamente. Me molesta tener mensajes pendientes de lectura. Soy integrante de grupos de todo tipo: de ámbitos académicos; de tareas especificas; del edificio donde vivo; de la cochera donde guardo el auto; grupos empresariales; amigos posta; amigos del recuerdo; conocidos posta; conocidos del recuerdo; del regalo del hijo de un amigo que se creó y nunca se disolvió; de un subgrupo creado para no agregar a alguien que está en un grupo principal y que nadie se anima a expulsar; grupo de futbol; grupo de padel; grupo de maridos de las amigas de mi esposa; grupo de padres de guardería; grupo de vigilancia del barrio en que vivo. Hago capturas de pantalla. Tomó fotografías, grabo videos. Cambio la foto de perfil. Comparto estados. Miro los estados compartidos. Chusmeo la foto de perfil de alguien que me escribe y no tengo registrado su número. En fin, esta herramienta que hace un par de años no existía hoy nos parece irremplazable.

Esta aplicación (WhatsApp) que te acerca de un modo instantáneo y vivencial con quien quieras, que te permite ver y escuchar -con una cercanía abominable- al contacto seleccionado, también, te puede alejar de todo. Obviamente que el problema no está en la herramienta, sino en el usuario. La tecnología en la medida que sea bien utilizada, es un avance. En milésimas de segundos se puede acceder a conocimiento, que antes nos insumía mucho más tiempo. Vivimos en un mundo que no se necesita acaparar conocimiento, porque el mismo está en red y a nuestro alcance inmediato. Vivimos en un mundo que es más necesario ser criterioso, que recopilador de datos. El conocimiento enciclopédico carece de sentido práctico, si esta en red. Todo es googleable.

Pero esta inmediatez hace que las relaciones directas entre seres humanos sean fracturadas. En la mesa de los bares y en las mesas familiares hay personas frente a frente, pero cada uno con su atención dirigida al celular.

Personas de nuevas y viejas generaciones se enojan porque alguien “te clavó un visto”. Se evita el dialogo con audios eternos. Grabando un audio uno evita escuchar al otro y expone una serie de ideas, pensamientos y/o la idiotez que a uno se le ocurra sin ser contradicho, sino hasta un próximo mensaje.
Menudas paradojas: Una herramienta que permite estar permanentemente conectado, es utilizada de modo unilateral y complica la comunicación directa. Ya no es necesario ir a la casa de un compañero para buscar los deberes. Los deberes te los pasan por Wassap. La gente wassapea más de lo que se ve. La conversación de las personas, se encuentra interrumpida por wassapear con sujetos que si bien, están ausentes, se encuentran presentes virtualmente.

En esta nueva era: ¿Abandonar un grupo es la nueva forma de pegar un portazo? ¿Los aparatos que permiten contactar a personas que no están son más importantes que las personas que están? ¿Hay que mandarle un mensaje antes de ir a visitar a alguien?

A medida que avanzo en el escrito, y casi concluyéndolo, me invade una profunda angustia, porque al finalizar el día caigo en la cuenta que: chatee con infinidad de personas pero no tome un café con ningún amigo. Mientras que tuve tiempo de hacer llamadas telefónicas y mandar decenas de audios, solo abrace a una sola persona. Reenvíe videos, fotos, gif y memes pero nadie me dijo: te quiero. La ecuación no cierra. Pareciera que estamos más cerca, pero la realidad indica lo contrario.

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