Opinion

Dejemos de quejarnos, por el amor de Dios

El argentino, el pampeano y el piquense en particular, se los identifica como los amantes de la QUEJA. Las redes sociales y los comentarios en los diferentes medios de información, nos pintan tal cual somos. VIVIMOS QUEJANDONOS. Y con un agravante: a más edad, menos tolerancia, más quejas y poquísimo compromiso con la búsqueda de soluciones reales a los problemas que puede llegar a padecer la mayoría.

¿Te has puesto a pensar en cuántas veces al día nos quejamos? Nos quejamos de lo que sea, de lo que hacemos, de lo que dejamos de hacer, de lo que nos pasa o no nos pasa; incluso, sin exagerar, nos quejamos a veces porque no nos duele nada y quisiéramos que nos doliera, hasta una muela, para que alguien se compadezca de nosotros, ¿o no? Nos quejamos de que llegan las fiestas, nos quejamos de los perros, nos quejamos de la juventud, nos quejamos de las leyes, nos quejamos de la música fuerte, nos quejamos, nos quejamos y nos quejamos. Todos los días, todas las semanas, todos los meses, todo el año.

Cómo lamento que este mundo sea una queja constante. Posiblemente haya quejas razonables, no lo dudo,

Para el investigador y doctor en psicología, Guy Winch, las personas que se quejan de muchas cosas sienten que la vida no les trata como merecen, y al ver al mundo como negativo, la reacción que tienen es la apropiada, aseguran, ante tales circunstancias.

La gente que se queja mucho busca la compasión y la validación emocional de los que la rodean, asegura el doctor. Buscan que los demás reconozcan que, efectivamente, la vida no es justa con ellos.

Nada nos viene bien

Tenemos -no hablo por todos, que quede claro- salud, amor, trabajo, familia y un corazón para sentir algo que nos preocupe o nos lastime como seres humanos. Nos quejamos de ir a trabajar (siempre andamos con que “qué flojera”) y al llegar al trabajo, lo primero que respondemos cuando alguien nos pregunta cómo amanecimos es “amanecí, que ya es algo”. ¿Cómo que es algo? Es muy bueno, es lo mejor que nos puede pasar. Nos quejamos que en Pico no hay diversión para la juventud, cuando se hace un espectáculo nos quejamos por la música o porque hay mucho tránsito. Nos quejamos que la Municipalidad no controla pero cuando lo hace, nos quejamos porque ponen trabas para organizar espectáculos. Nos quejamos, nos quejamos y nos quejamos.

Nos quejamos de ir a trabajar, sin pensar en los miles de personas sin futuro porque no tienen empleo y ni siquiera preparación mínima para hacer algo productivo. En vez de quejarte de ir a trabajar, alégrate de que tienes algo para llevar a tu casa y a tus hijos. ¿No te gusta trabajar donde estás? ¡Renuncia! Es muy simple, consíguete otro empleo y listo, ¿o no? Nos quejamos porque no se protege al trabajador pero cuando se sancionan leyes como la Ley Provincial de Descanso Dominical, nos quejamos porque nos coartan libertades de las que estábamos renegando.

Nos quejamos de estar gordos o flacos sin pensar que hay gente que no tiene para comer. Las mujeres se quejan de no haber nacido como Valeria Mazza, pero no reparan  que hay mujeres con padecimientos degenerativos y mortales.

Nos quejamos de que nadie nos hace caso, y no queremos ver que a la vuelta de la esquina un niño está esperando que su madre regrese porque lo ha abandonado desde hace años.

Nos quejamos porque hay muchos perros callejeros pero cuando se ponen en práctica las leyes u ordenanzas, nos quejamos porque se hace lo que debe hacerse. Nos quejamos de los controles por la venta de alcohol pero nos quejamos porque los jóvenes consumen alcohol.

Nos quejamos de comer todos los días el mismo menú o de que caro están los alimentos pero no queremos ver que frente a nosotros, muy cerca, alguien quisiera tener el pedazo de pan que estamos tirando a la basura porque está duro.

Nos quejamos para no hacernos cargo

Cuando estamos viendo la televisión, escuchando radio o nos internamos en las redes sociales, nos quejamos de nuestros gobernantes y hasta les gritamos groserías pero no hicimos nada, solo votar, para que no ganara el que no queríamos, Nos quejamos el día de las elecciones, de que mi voto no cambiará nada, y cuando pierde tu candidato, te quejas de que el ganador no sirve de nada, pero no contribuiste a ayudar a ganar a tu preferido.

Nos quejamos de que los niños  y los jóvenes no nos dejan descansar cuando estamos en casa, cerca de lugares donde se concentran pero no pensamos que por suerte tienen  salud y toda la energía para vivir la vida.

Dejemos de quejarnos, por el amor de Dios y cambiemos ese estado por  alegrías, pensamientos positivos y soluciones reales que sean para sumar, no para alimentar ls quejas.

No sabemos ser agradecidos

Un proverbio hindú dice: “Si no eres feliz con lo que tienes, tampoco lo serás con lo que te falta”. Si nos quejamos porque hace frío y al tiempo nos quejamos porque hace calor, ¿qué es lo que queremos?

Según una teoría, las personas que se quejan no lo hacen por el asunto en particular, sino que esa es su manera de demostrar lo insatisfechas que están, lo vacías que se sienten o la soledad que experimentan. Esto es porque aún no han podido hallar “la sal de la vida” ni ser felices con los pequeños detalles cotidianos.

Y por último, nos quejamos porque no sabemos ser agradecidos. Puede que hoy te quejes por el precio de la carne, pero ponte a pensar por un instante, ¿cuántas personas no pueden acceder a un alimento en el mundo? Te quejas por tu trabajo, ¿sabes la cantidad de desempleados que hay en nuestro planeta?

Fuentes: apreciaciones personales; codigodelicias.com y ensayos de reconocidos psicólogos

Arriba