Columna

¿De que hablamos cuando hablamos de bonos?. Por Nicolás Pagano

Los gobiernos nacionales, provinciales y municipales poseen un comportamiento similar a una familia desde un punto de vista financiero: si desean gastar más allá de sus ingresos o si desean invertir un monto que excede su capacidad de ahorro deben tomar prestado ese dinero para poder realizarlo.

Dentro de las diferentes herramientas que los gobiernos poseen para financiarse vamos a centrarnos en los Títulos Públicos.

A los Títulos Públicos se los conoce como “Bonos” (también existen en el ámbito privado) y es un instrumento financiero que representa la deuda emitida por algún organismo estatal. Toman dinero prestado en el mercado obligándose a devolver el capital (el monto nominal que se pidió) más los intereses inherentes a la deuda.

Podemos prestarle dinero al gobierno? Podemos ser acreedores del país? La respuesta es afirmativa. Podemos canalizar nuestros ahorros para financiar los requerimientos financieros de Argentina, de una provincia en particular y hasta de un municipio.

La posibilidad de acceder a este instrumento está limitada a ciertas emisiones que permitan la negociación a personas físicas pero, hoy en día, podemos acceder a un gran número de bonos y prestarle dinero a Argentina, Mendoza o a la Ciudad de Buenos Aires.

La mecánica es muy parecida al préstamo bancario que obtiene una familia para construir su casa o para irse de vacaciones: el gobierno pide un monto cierto de dinero, de los cuales nosotros le prestamos una parte, y existe (a priori) una estructura de amortización del préstamo donde se van abonando tanto el capital como los intereses. La “estructura de amortización” es lo que define al bono y por lo general se realizan pagos periódicos de intereses donde el capital se repaga al final.

Es importante destacar que los bonos cotizan en el mercado, por lo que, su precio fluctúa diariamente y nuestra rentabilidad dependerá del precio de compra (siempre asumiendo que nos quedaremos con el bono hasta su vencimiento). La metodología de  valuación de un bono es más complejo y no pretendo abarcarlo en esta nota pero quiero remarcar que cuando leemos que un bono a 6 años paga, por ejemplo, un 7% anual de intereses en dólares tendrá un rendimiento diferente si lo compramos a $90, $100 o $110. Los intereses se calculan al valor nominal que se emite el bono.  A modo de ejemplo: Si el valor nominal es $100 y lo adquirimos a $100 obtendremos $7 de intereses en un año. Si adquirimos el bono a $110 seguiríamos obteniendo $7 de intereses en un año pero nuestra tasa de retorno ya no seria 7%, sería del 5% (nuestra inversión inicial es mayor) y con el mismo racionamiento al comprar ese mismo bono a $90 obtendríamos una tasa de retorno del 9%.

Podemos obtener retornos en dólares del 5% invirtiendo en Bonar 2024 (Bono soberano que vence en el año 2024), un 7% comprando deuda de la provincia de Mendoza con vencimiento también en el año 2024 y para los más osados se puede invertir en deuda de la provincia de Chaco (con vencimiento en el año 2024) obteniendo un retorno superior al 9%. Esto es un simple ejemplo de una gran variedad de bonos que nos ofrece el mercado.

El retorno del bono está atado al riesgo (recordemos que cuanto mayor es el riesgo mayor es la rentabilidad que el inversor querrá obtener). En el caso concreto que puntualicé vemos que los riesgos intrínsecos de una posibilidad de no pagar la deuda de la provincia de Chaco son mayores a los de Mendoza, es por eso el diferencial de rentabilidad.

Para acceder a esta inversión es necesario abrir una cuenta en una sociedad de bolsa o una cuenta comitente de un banco comercial. Esta elección también es importante porque el nivel de comisiones que paguemos va a afectar nuestra rentabilidad final.

En cualquiera de los casos es imprescindible que se asesoren con idóneos en la materia para maximizar sus inversiones.

Nicolas Pagano – Licenciado en Economía 

nicolaspagano.arg@gmail.com

 

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