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Presentaron la Sistematización de Acompañamientos Socorristas: “Nos tenemos entre nosotras”

El lunes la agrupación Socorrismo Santa Rosa presentaron en la sede del Sindicado de Prensa y el Movimiento Popular Pampeano de Derechos Humanos, la sistematización de acompañamientos de aborto realizados durante el período 2015 – 2017 con una actividad que denominamos “Nos tenemos entre nosotras”, con la presencia de un centenar de personas y de las comunicadoras feministas Cintia Alcaráz, Gabriela Bonavitta y Verónica Mac Lennan.

Las socorristas somos feministas que damos información y acompañamos a las mujeres y personas con capacidad de gestar que deciden abortar. Pertenecemos a una Red nacional (Socorristas en Red) que desde 2012 hemos entrevistado a 14.752 mujeres y acompañado a 12.081 en todo el país.

Nuestro activismo se inscribe en la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y se sostiene en la convicción de que la existencia de medicación segura para abortar, el conocimiento sobre cómo usarla y la posibilidad de acceder a ella nos permiten lograr un poder sobre nosotras mismas y sobre nuestras decisiones.

En La Pampa, el Socorrismo comenzó a activar desde el año 2015, relevando y documentando los acompañamientos en aborto que se realizaron en nuestro territorio.

La información nos permite abarcar tres aspectos de nuestro hacer: quiénes abortan, cómo lo hacen y cómo las acompañamos.

Sabemos que solo podemos dar cuenta de aquellas que han tenido acceso a nuestro teléfono, y que no es representativa de todas las mujeres que abortan en La Pampa. Pero también reconocemos que es una muestra inestimable que posibilita identificar las vulnerabilidades que el sistema capitalista patriarcal produce en nosotras.

Los datos dicen que existimos, los datos presionan, marcan caminos. Y hoy los datos muestran que las mujeres venimos abortando más allá de la ilegalidad. Abortamos a pesar del Estado.

Asimismo, los datos recabados nos permiten conocer y aprender sobre el uso del misoprostol, conocer sus efectos y su efectividad.

Los datos compartidos en esta publicación fueron recolectados y sistematizados por las socorristas de Santa Rosa y de General Pico en cada uno de nuestros encuentros con las mujeres durante los años 2015/16/17.

300 acompañamientos

A lo largo de los tres años sistematizamos 300 acompañamientos. Del total registrados el 14,7% fueron realizados el 2015, 42% en el 2016 y 43,3% en el 2017. Esta suba abrupta entre el primer y el segundo año y un leve aumento en el tercero es un aspecto que se suele repetir en las distintas grupas que componen la Red. Una vez que el Socorro se ha instalado el volumen de entrevistas y acompañamientos crece y se equilibra.

De todas las mujeres que concurrieron al primer encuentro, el 80,6% fueron acompañadas por socorristas y un 8% accedió a un aborto seguro a partir de las redes que tendimos con efectorxs de salud y sin nuestro acompañamiento sistematizado. El porcentaje restante (12,4%) decidió continuar el embarazo, tuvo un aborto espontáneo o no volvió a contactarse con nosotras.

Es interesante reconocer las variaciones en la cantidad de acompañamientos a lo largo de los años. El número de mujeres acompañadas por las socorristas disminuye: 90,1% en 2015, 83,30% en 2016 y 74,6% en el 2017. Este descenso se da en consonancia con la suba de los abortos de las mujeres con seguimiento únicamente del sistema de salud en nuestra provincia.

La recepción de mujeres en el sistema de salud, nunca se da sin obstáculos pese a la existencia del Protocolo de Atención Integral para Personas con Derecho a la Interrupción Legal del Embarazo emitido por el Ministerio de Salud de la Nación.

Si bien las grupas socorristas estamos en Santa Rosa y General Pico y nuestra intervención empieza localizada en nuestras ciudades, el alcance con el paso del tiempo se extiende a otros territorios. El primer año del Socorro puede notarse que la cantidad de acompañamientos se abultan en la ciudad capital (64%), cifra que luego se estabiliza alrededor del 53% para los años siguientes. En el caso de General Pico, los acompañamientos siempre fueron alrededor del 24% del total. Ya para el segundo año hay un movimiento interesante: comenzamos a sumar acompañamientos de mujeres provenientes del oeste de Buenos Aires así como residentxs de otras provincias (situación cada vez más frecuente hoy).

Características

Sobre sus edades

El mayor porcentaje de entrevista se da con mujeres entre los 20 y los 29 años: 52% (2015), 54% (2016) y 61% (2017). En todos los casos se mantienen porcentajes similares salvo la disminución de las mujeres de menos de 14 hasta 19 años de 16% en el 2015 a 10% en 2017.

Con estos datos, podemos desmitificar la afirmación que sostiene que “las que más abortan son las adolescentes”. Cuanto más nos alejamos de ser niñas o adolescentes más autonomía tenemos sobre nuestras decisiones y sobre la posibilidad de una maternidad elegida.

Sobre sus condiciones laborales e ingresos

En el trianual, la cifra acumulada muestra que las mujeres que acompañamos tienen en su mayoría trabajo remunerado 60,3% y un 39,7% no lo tiene. Del grupo que sí tiene (181 mujeres), el 53,6% dice que es formal y el 46,4% lo clasifica como informal.

Para analizar el ingreso (más allá de si tiene un empleo formal/informal, precario/no precario) dividimos los segmentos de salario según el Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM). Para el año 2015 tomamos $5.588 que es SMVM acordado el 1 de agosto de 2015; para el 2016, $7560 que es el SMVM definido el 1 de septiembre de 2016 y en 2017 tomamos $8860 pautado el 1 de julio de 2017.

La tendencia que predomina a lo largo de los años es que las mujeres que acompañamos se encuentran por debajo del SMVM. En el acumulado trianual esta cifra llega al 60,8%. Si bien puede verse un descenso en estos porcentajes si seguimos el año a año (78,3% en 2015, 62% en 2016 y 54,76% en 2017) e incluso visualizarse un leve ascenso de quienes mejoran su situación frente al SMVM, la realidad es que las mujeres no logran revertir la situación de romper el SMVM y superarlo.

A la invisibilidad del trabajo doméstico se suma la realidad del dinero recibido, la informalidad laboral, que se conjuga, entre otros factores, con los índices de precariedad con los que las mujeres organizan su vida. Conocer el “universo material” de las mujeres nos acerca al panorama con respecto a la (in)dependencia económica y de allí al grado de autonomía que tienen para la gestión práctica del aborto. Este aspecto es fundamental en el momento de pensar interrumpir una gestación porque las mujeres necesitan dinero para comprar las pastillas. Las mujeres que no trabajan, ni reciben ningún tipo de asistencia, tienen una autonomía muy limitada ya que dependen de otrxs que les den el dinero para poder abortar.

Sobre su cobertura de salud

De las mujeres acompañadas por nosotras en los 3 años, la mayoría no cuenta con obra social (61%). Si bien puede verse un descenso en estas cifras con el paso del tiempo (2015 fue del 65,9%, 2016 fue de 63% y en 2017 fue de 58,46%) lo que predomina es la falta de obra social.

En el contexto actual de falta de cobertura (y de derechos) para las mujeres, la obra social es importante: contar con ella posibilita el acceso rápido y sin costo a un recurso que es muy valioso como la ecografía pre y postaborto, así como a los métodos de anticoncepción con los que promovemos cerrar el proceso. Por el contrario, quienes no cuentan con una obra social deben enfrentar las barreras de la salud pública y su propia burocracia. Un sistema que no parece reconocer el beneficio (en costos, riesgos, etc.) que la rapidez en la intervención tiene tanto para el propio sistema como para la mujer a la hora de las interrupciones.

Sobre sus creencias religiosas

Otras de las preguntas que realizamos apuntan a conocer la incidencia, si la hay, de los mandatos religiosos al momento de abortar. Sabemos que las mujeres religiosas también abortan.

En nuestros acompañamientos, los porcentajes acumulados de los tres años muestran que existe una paridad entre las mujeres que forman parte de alguna religión (49%) y las que no (51%). Quienes dicen tener una creencia pertenecen en su mayoría a la religión católica y evangélica.

Sobre las violencias machistas

De las 300 mujeres entrevistadas en los 3 años, el 55% dijo no haber percibido violencia por el hecho de ser mujer; mientras que, el 45% sufrió algún tipo de violencia en algún momento de su vida. De estas últimas, el 32% no hizo denuncia y el 13% sí. A su vez, este grupo reconoce que las violencias  más frecuentes son la emocional y física. Se puede inferir que las mujeres toman sobre todo esas dos formas de violencia como termómetro de reconocimiento. Claramente, es un parámetro muy alto que impide detectar microviolencias de la vida cotidiana o prácticas violentas más solapadas o menos evidentes.

Podemos notar que entre 2015 y 2017 se da un ascenso del reconocimiento de la violencia que pasa del 41% a 61%. Este cambio creemos que ha sido favorecido por la ampliación y visibilización promovida desde el movimiento feminista a partir de acciones públicas. No consideramos que haya más cantidad de actos de violencia sino que las mujeres se han abierto a detectarlas, reconocerlas y verbalizarlas.

Ahora bien, se reconocen y verbalizan más las violencias pero no se hacen más denuncias. Esto es notable en nuestras cifras: en 2015 fueron 18% las mujeres que denunciaron y en 2017 esta cifra baja al 16%.

Pensamos que la denuncia en muchos casos supone una exposición y revictimización que no están dispuestas a vivir y con miedo a las represalias. En este contexto, la no denuncia es un mecanismo de supervivencia.

Sobre sus maternidades y decisiones vitales

A lo largo de los 3 años la mayoría de las mujeres con las que nos entrevistamos tienen hijes. Aunque los porcentajes en cada año han ido variando (70,5 % en 2015 y 63% en 2016 y en 2017). La mayoría de las mujeres que están pensando en interrumpir su embarazo ya han sido madres (64,3%).

Algunas de las ideas reaccionarias sobre el aborto vinculan la decisión de abortar con el desconocimiento de qué significa ser madre, o con un acto egoísta o irresponsable. A diferencia de estos prejuicios sostenemos que las mujeres a las que hemos visto y acompañado conocen qué es la maternidad y la interrupción de un embarazo no puede desligarse de eso.

Abortos, proceso y efectividad

Del total de mujeres que fueron acompañadas, la amplia mayoría (86,8%) aborta en el primer tratamiento. Si bien hay un descenso entre las cifras del 2015 al 2017, lo que persiste es que el aborto en el primer tratamiento es lo suficientemente abultado -de 85% para arriba por año-.

Casi la mitad de las mujeres que hacen un aborto lo hacen en la semana 9 y 12 (49,6% del total para los 3 años) seguida de quienes se encuentran con menos de 9 semanas de gestación (35,5%). Es destacable que es muy reducido el número de quienes necesitan abortar pasado este primer momento (13 a 15 y + de 16 semanas).

En este sentido, un proyecto de IVE permitiría un acceso seguro a la mayoría de las mujeres que hoy toman la decisión en la clandestinidad. Las mujeres que se acercan en el segundo trimestre de gestación siempre tienen una situación de vulnerabilidad.

A la efectividad en el primer tratamiento se suma la seguridad del procedimiento que puede evidenciarse en los bajísimos porcentajes de quienes tuvieron que concurrir a una guardia médica en las 72 hs posteriores al uso de la medicación (que en el acumulado trianual no llegan al 10%). Vale decir que 9 de cada 10 mujeres no necesitaron concurrir a la guardia médica.

Parte del acompañamiento que hacemos desde el Socorro incluye la articulación con el sistema de salud en nuestro territorio. Si bien este vínculo ha ido variando en el tiempo, la conexión, recepción y acogida de mujeres es permanente y, desde nuestros acompañamientos, instamos a concurrir a controles postaborto y a elegir un plan de anticoncepción. En estas charlas desmitificamos las ideas negativas sobre contar y clandestinizar el aborto. El verbalizar y visibilizar los abortos ante les efectores es parte de un proceso que trata de construir junto con ellas la legitimidad del derecho que están ejerciendo

Para abortar nos tenemos entre nosotras

En estos tres años aprendimos a pensarnos desde el territorio. Y allí pudimos establecer lazos con efectorxs de salud. Con algunes estrechamos vínculos, convertimos una articulación en un lugar donde pensar estrategias sororas de acompañamientos, planeamos juntes presionar el sistema cuando cierra sus puertas, maltrata, victimiza y abusa de su poder. Del mismo modo que creamos estos espacios de resistencia, seguimos encontrando a efectores que continúan sosteniendo la distancia entre las socorristas y elles. Tenemos un caudal de aprendizajes sustentados en el afecto, en la escucha atenta y en el cuidado entre nosotras. Esto define la práctica socorrista y es su acción política más fuerte.

Nombramos el aborto en voz alta para que sea ley. La despenalización y legalización del aborto puede saldar una deuda con la sociedad.

La práctica de abortar de manera acompañada socava las ideas normalizadoras de los cuerpos y la vida de las mujeres y permite hacerlo sostenido por el amor colectivo y feminista. Ellas nos contaron sus historias, las conocimos por un pequeño lapso de tiempo, y construimos una confianza basada en la necesidad de que nuestros deseos tuerzan  los mandatos. Para abortar nos tenemos entre nosotras.

Fuente: Socorro Santa Rosa

Foto: El Diario de La Pampa

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