
11 de julio, 2026
"Mi nombre es Laura y soy la hermana del joven que, el pasado lunes 6 de este mes, incendió la casa de sus padres, un hecho de público conocimiento tras la cobertura de los distintos medios de comunicación. Escribo estas líneas porque necesito contar todo lo sucedido y visibilizar nuestra realidad", explicó Laura en el comienzo de su carta.
"Mi hermano padece esquizofrenia, enfermedad que fue diagnosticada en el año 2025, cuando él se encontraba detenido. En ese entonces, fue trasladado para una evaluación en Salud Mental donde confirmaron su diagnóstico. Cumplió tres meses en detención recibiendo tratamiento; sin embargo, al ser notificado de su libertad, aseguró que continuaría con los tratamientos por voluntad propia, algo que nunca sucedió. Recién este año tomamos conocimiento de su estado real al solicitar un informe en la fiscalía sobre la causa de su detención". afirmó.
"En mayo, cuando él quedó internado por un nuevo episodio, le comunicamos esta situación a la psicóloga Carolina Marchi. Ante nuestra advertencia, ella sostenía que la fiscalía nos mentía y afirmaba que él «no había tenido ingreso en Salud Mental». ¿Cómo es posible que una profesional de la salud ponga en tela de juicio algo que ya está judicializado?"
"Aquel mes de mayo, mientras estaba en casa de mis padres, comenzó a ponerse violento: gritaba hacia afuera y aseguraba que había personas en el patio trasero diciéndole cosas malas, a pesar de que en la casa solo estaban él y mis padres. La situación escaló hasta que mis padres llamaron a la policía. Fue trasladado a Salud Mental y quedó internado. Durante esos días, mantuvimos comunicación con la psicóloga Marchi, quien nos aseguraba que él estaba bien y respondía favorablemente a la medicación. Sin embargo, nosotros veíamos lo contrario: en nuestras visitas, él insistía en que seguía teniendo alucinaciones y que quería quitarse la vida. Incluso mediante el teléfono para pacientes, nos llamaba desesperado diciendo que los medicamentos no le hacían efecto", relató.
"Al manifestarle nuestra preocupación a Carolina Marchi, su respuesta fue: «Imposible, porque él está bien». Minutos después, trajo a mi hermano para que hablara delante de nosotros, y él volvió a expresar el mismo deseo de terminar con su vida. Con el paso de los días, la profesional insistía con el alta médica alegando que solo había ocho camas disponibles y que «comenzaba el mundial», por lo que no quería que mi hermano se pusiera mal por no poder verlo".
"Intentamos que comprendiera que existía una orden de restricción vigente que le prohibía acercarse a mi madre. A pesar de esto, ella seguía presionando para que nos lo lleváramos y para que mi madre abandonara su propio domicilio. Como no contamos con recursos económicos para alquilar otra vivienda, nos negamos, cuestionando cómo podíamos desconocer una resolución judicial. Ante el deseo de mi hermano de irse a vivir con un amigo, la respuesta de la psicóloga fue un rotundo «no», afirmando que debía ser mi madre quien se fuera o, en su defecto, que pagáramos una habitación de hotel, algo que nos resulta imposible".
"Pese a tanta presión, terminamos retirándolo del centro bajo nuestra responsabilidad, advirtiendo que él no estaba bien. Además, Marchi nos recomendó que, ante cualquier brote, «no acudiéramos a los efectivos policiales, sino que solo llamáramos a la ambulancia». Creemos que lo decía para no quedar expuesta ante la Justicia, pues ella sabía muy bien que él tenía prohibido acercarse a ese domicilio. Dos días después, sufrió un brote y, tras el llamado, el personal de salud nos recriminó haberlos convocado si «no se trataba de una urgencia"».
"Llegamos al día del incendio. Ese lunes, mi madre me envió un mensaje a las nueve de la noche desesperada: mi hermano estaba violento y quería quitarse la vida. Al llegar al centro de salud, dos médicas nos comunicaron que no podían recibirlo hasta el día siguiente, cuando estuviera Carolina, y se negaron a enviar una ambulancia. Mientras insistíamos, solo recibimos respuestas despectivas".
"Antes de irnos, recibí un audio de mi sobrina pidiendo ayuda: la casa se estaba incendiando. Al dar aviso al personal del centro, salí corriendo hacia mi casa. Cuando llegué, mi padre pedía ayuda desesperado porque mi hermano había incendiado la vivienda. Los bomberos llegaron tarde y, tras el hecho, mi hermano fue demorado por unas horas y luego liberado", sostuvo.
"Al día siguiente, mi madre encontró a mi hermano durmiendo en su habitación, habiendo reingresado a la casa. Llamamos a la policía nuevamente. Solo después de que el hecho se hiciera mediático, mi hermano expresó que necesitaba ayuda, se dirigió a Salud Mental y esta vez sí lo recibieron", se quejó.
"Mi pregunta es: ¿tienen que involucrarse los medios para que estas instituciones actúen? Estoy convencida de que, sin la exposición pública, la situación habría empeorado. No pedimos que viva en Salud Mental, sino que reciba una atención digna y no lo dejen librado a su suerte cuando manifiesta constantemente que quiere quitarse la vida".
Actualmente, desde que está internado, solo lo vio una vez Carolina. "Lo único que hacen es medicarlo fuertemente. Mi hermana fue a visitarlo y él relató que, al manifestarle a un médico su deseo de suicidarse, la respuesta fue solo: «¿Así? ¿Cómo?», sin darle ninguna contención. Ahora pretenden trasladarlo a Guadalupe. ¿Para qué? Si él está pidiendo ayuda a gritos por las alucinaciones que padece".
"Exigimos que se cumpla la Ley Nacional de Salud Mental N.º 26.657, que garantiza el derecho a recibir atención integral, seguimiento profesional continuo y un tratamiento digno. ¡Basta de dejarlos solos!"
Ballesteros Laura Florencia DNI 42634981