Con 22 años de trayectoria en el Colegio Agropecuario de Realicó, la profesora Susana Mattio detalla cómo se trabaja en el espacio de producción intensiva. Del ciclo de cultivos de invierno a un innovador proyecto para incentivar la horticultura en los hogares.
La vivencia cotidiana en el Colegio Agropecuario de Realicó no se limita a la teoría en el aula. Detrás de cada práctica hay un engranaje pedagógico que busca conectar a los estudiantes con la tierra, la producción real y el valor del esfuerzo. En el marco de la visita institucional al Ceret, dialogamos con la profesora Susana Mattio, docente del espacio curricular de producción intensiva, quien profundizó sobre el trabajo diario con los jóvenes.
El ciclo de la tierra: aprender haciendo
Mattio está a cargo de la materia dedicada especialmente a la huerta, un espacio donde la premisa fundamental es el "aprender haciendo". Según explicó la docente, la planificación escolar se adapta de forma estratégica a los ciclos naturales: “Al ser una escuela en donde se le asigna más tiempo a los cultivos de otoño-invierno, los chicos los ven desde el inicio a la cosecha”.
En este período, el predio escolar se llena de vida con la producción de hortalizas de hoja como acelga, lechuga y espinaca, además de crucíferas de gran demanda como brócoli, coliflor y repollo. Lo interesante de este modelo es que el aprendizaje traspasa los límites del aula: los estudiantes no solo preparan la tierra y cultivan, sino que también participan activamente en la comercialización de lo cosechado.
Vocaciones que se multiplican y diversifican
Con más de dos décadas formando generaciones en la institución, la profesora ha sido testigo de la evolución en el perfil de los egresados. Si bien tradicionalmente el destino natural eran las carreras de Ingeniería Agronómica o Veterinaria, hoy el abanico se ha ampliado notablemente.
“Ahora es como más diversa la orientación”, señaló Mattio, destacando que muchos jóvenes eligen rumbos vinculados a la medicina —aprovechando la sólida base en biología del colegio—, administración agropecuaria, tecnicaturas de laboratorio e ingeniería química, demostrando la versatilidad de la formación recibida.
Un proyecto para sembrar conciencia
Más allá de la producción a gran escala, desde la institución también se busca revalorizar el potencial de los pequeños espacios domésticos. Mattio adelantó que se encuentran trabajando junto a los estudiantes en un proyecto destinado a un concurso provincial ("Aprender a Gobernar"), enfocado precisamente en incentivar la horticultura urbana.
Para la docente, existe una materia pendiente en la sociedad respecto al aprovechamiento de los patios para producir nuestros propios alimentos. Con un mensaje claro sobre la importancia de recuperar estas prácticas, el Colegio Agropecuario demuestra una vez más que educar con compromiso es también sembrar soberanía y autonomía en las nuevas generaciones.