
20 de agosto, 2026
Ecosistemas donde científicos, empresas y productores trabajan juntos, ciudades que financian la formación universitaria de sus jóvenes para que permanezcan en su comunidad y establecimientos agropecuarios que transforman sus residuos en energía. Esas fueron algunas de las experiencias que conoció la intendenta Fernanda Alonso durante el intercambio internacional organizado por la Red de Innovación Local (RIL) y CREA en Estados Unidos.
El recorrido por Saint Louis, Chicago e Indiana permitió pasar de los conceptos a casos concretos y conocer cómo distintos territorios utilizan la innovación, la articulación público-privada y el conocimiento para generar desarrollo económico.
Para General Pico, el desafío ahora será analizar qué aprendizajes de esos modelos pueden aportar a una ciudad que también tiene su crecimiento en la producción, el conocimiento y la articulación entre sectores.
Uno de los casos más relevantes estuvo en Saint Louis. Allí, universidades, empresas, centros de investigación, gobiernos y productores conformaron un ecosistema AgTech que convirtió a la región en un polo de innovación vinculado a la producción agropecuaria.
La delegación conoció el Donald Danforth Plant Science Center, dedicado a la investigación en ciencias de las plantas, y 39 North, un distrito pensado para concentrar científicos, empresas, startups e inversores vinculados a la agrotecnología.
El modelo parte de una idea concreta: el conocimiento genera mayor impacto cuando logra conectarse con quienes producen y con quienes pueden transformarlo en nuevas empresas, inversiones y empleo.
Ese esquema resulta especialmente interesante para General Pico por su perfil productivo y por la presencia de instituciones educativas, científicas, empresariales y agropecuarias con capacidad para profundizar su articulación.
En Indiana, la visita a Fair Oaks Farms permitió conocer otra experiencia: un complejo agroindustrial que combina producción a gran escala, incorporación de tecnología, educación y sustentabilidad.
Entre sus procesos se encuentra el aprovechamiento de residuos orgánicos generados por la propia actividad para producir biogás y abastecer parte de sus necesidades energéticas.
Más allá de las dimensiones del establecimiento, la experiencia puso sobre la mesa una discusión que también atraviesa a las ciudades productivas: cómo incorporar tecnología para producir mejor, aprovechar recursos que antes eran considerados residuos y agregar valor a la producción.
Uno de los modelos municipales que despertó especial interés fue el de Hammond, Indiana.
Frente al desafío de retener población y fortalecer el arraigo, la ciudad desarrolló College Bound, un programa que brinda incentivos económicos para que jóvenes residentes puedan cursar estudios universitarios.
La estrategia combina educación con políticas de vivienda y desarrollo local bajo una misma premisa: invertir en los jóvenes también es invertir en el futuro económico de una ciudad.
El caso permitió analizar un desafío que atraviesa a numerosas ciudades intermedias: generar condiciones para que las nuevas generaciones puedan estudiar, desarrollarse profesionalmente y encontrar oportunidades sin romper necesariamente el vínculo con su lugar de origen.
El intercambio incluyó además reuniones con autoridades de Creve Coeur, Chesterfield y Saint Peters, donde se conocieron diferentes modelos de administración municipal, planificación urbana, seguridad, prestación de servicios y promoción económica.
En esos gobiernos locales, atraer empresas no aparece como una acción aislada. Infraestructura, calidad de los servicios, educación, espacios públicos y condiciones para vivir forman parte de una misma estrategia para atraer inversión y, al mismo tiempo, conseguir que las personas quieran elegir una ciudad para desarrollar allí su proyecto de vida.
La agenda permitió observar que el desarrollo económico no depende únicamente de conseguir nuevas inversiones, sino también de construir un territorio capaz de generar conocimiento, formar personas, acompañar al sector privado y ofrecer condiciones para que el talento permanezca.
A lo largo del viaje, la mandataria Fernanda Alonso compartió la experiencia con intendentes y productores agropecuarios argentinos. Esa convivencia permitió además intercambiar desafíos entre ciudades con perfiles productivos similares y construir vínculos que continuarán una vez finalizado el programa.
El objetivo no es replicar modelos extranjeros de manera automática, sino identificar herramientas, adaptarlas y discutir cuáles pueden tener sentido para General Pico.
El viaje había comenzado con una pregunta: qué pueden aprender las ciudades argentinas de territorios que lograron conectar producción, conocimiento, inversión y gestión pública.
Tras el recorrido, quedan experiencias concretas para analizar y nuevos vínculos para profundizar. El próximo paso será llevar esa discusión al territorio y continuar fortaleciendo una agenda de desarrollo que conecte al municipio con el sector productivo, las instituciones educativas, el conocimiento y quienes generan empleo e inversión en nuestra ciudad.
La participación de la intendenta municipal piquense fue íntegramente financiada por la organización y las entidades que acompañaron la iniciativa, sin costo para el municipio. Entonces, además de RIL y CREA, la experiencia contó con Bayer como sponsor principal y con Cargill y Advanta como aliados estratégicos.