
28 de julio, 2019
En los primeros años del siglo XX, en el norte de la Pampa existía un lugar que era conocido como Azteazu. Por aquel entonces, los Devoto ya estaban firmemente instalados en la zona, y fundaron la colonia “La Argentina”. En 1907 los Parera donaron los terrenos para que pasaran por allí los rieles del Ferrocarril Pacifico, que unían Catriló con General Pico. La nueva estación se llamaría Dorila, tal era el nombre de la esposa de José Leandro Parera. Al parecer el pueblo iba a ser fundado al oeste de las vías, precisamente en las tierras de Parera, pero el precio que solicitó la familia por los solares fue mas alto que el que pedía Graciarena, en la parte oriental, y los compradores, prefirieron entonces asentarse allí.
Dorila está situado a solo 17 kilómetros de General Pico, sobre la línea del Ferrocarril Pacifico. Fue fundado el 30 de marzo de 1907 en un primer remate, de una legua de campo, por cuenta del Señor Pedro Graciarena, fraccionada en solares, quintas y chacras, donde se asentaron los primeros pobladores.
El siguiente remate tuvo lugar el 28 de noviembre de 1909 y el último el 25 de marzo de 1911. La agricultura, decía Ludovico Brudaglio en su álbum gráfico de 1915, ha sido la base del progreso porque Dorila goza de una zona privilegiada por la bondad de sus tierras y la extensión de su cultivo. Hoy gran parte de ella se encuentra transformada en modernos establecimientos ganaderos, como La Barrancosa, Las Adelas, El Piquillín y otros. Desde su fundación ha marchado adelante poniendo de manifiesto el espíritu activo, laborioso y progresista de sus habitantes. Para 1915 su población, según el álbum gráfico, era de 500 habitantes.

“La Edificación -Prosigue Brudaglio- es compacta y en su mayoría es de material, lo que da a este pueblo una fisonomía interesante. Aunque carece de edificios públicos, hay algunos particulares que se destacan por su construcción y hermosura.” Virginia Natal, escribió en el mismo sentido, sobre el progreso del pueblo, en 1992, con motivo de conmemorarse los 85 años de su fundación: “Con el correr del tiempo se fue mejorando la calidad de vida, comenzando a construir mejores viviendas, adquiriendo maquinas de labranza, cambiando el jahuel por el molino, los cardos y el pasto puna, por dorados trigales y verdes alfalfales.”
Los Pioneros
Ya está dicho que el fundador de Dorila fue Pedro Bernardo Graciarena, quien era el dueño de los campos en los que se edificaron las primeras casas. En los primeros años del siglo XX el lugar era conocido como Azteazu, los Devoto firmemente establecidos en el norte de la Pampa, dueños de más 300.000 hectáreas compradas a los ingleses, ya estaban en la zona, y fundaron la colonia “La Argentina”. En esos campos ya había pobladores dos años antes de la fundación de Dorila. En sus comienzos el pueblo tuvo un gran crecimiento comercial con el establecimiento de locales que abastecían a la localidad, con mercadería de la zona y esencialmente con la que provenía de otras latitudes, a través del ferrocarril. Por aquellos años el pueblo contaba con dos hoteles, un restaurant y una fonda. Todos eran atendidos por sus propios dueños.
El primero de ellos se estableció en los albores mismos dela fundación del Pueblo, fue en 1907, y era propiedad de los señores Paulón y Chiarle, un año después se instalo Ambrosio Giacobbe y en 1910, lo harían Francisco Caldo y Clemente Barón. Este último establecimiento contaba con una cancha de Pelota Paleta, cuya estructura aun se conserva.
Industrias, Comercios y Estancias
El crecimiento de la localidad implico la radicación de mas comercios e industrias lo cual ha quedado plasmado en el auge que tuvo Dorila en sus primeras épocas de historia. En el Boletín Oficial de la Gobernación de La Pampa de 1942 encontramos una detallada nomina de los negocios instalados en el pueblo, entre los que figuran acopio de cereales, almacenes y Ramos Generales, bares, carnicerías, carpintería y herrería, depósitos de cerveza, despensas, librería, fabrica de soda y aguas gaseosas, fruterías y verdulerías, panadería, peluquería, repuestos de maquinas, restaurant y hospedaje, surtidor de nafta, taller mecánico y trilladoras. Según registran los censos Dorila, por aquel entonces contaba con 1090 habitantes, 499 de ellos vivían en la zona urbana y 591 en la zona rural. Pero era en el campo donde estaban los emprendimientos más importantes, La Barrancosa de José Devoto, Santa Catalina de la Sociedad Anónima Financiera y Rural, Cuatro Hermanos, de Parera hermanos, La Amelia, de Isidoro Brunengo, La Dorita de Oscar Suarez Caviglia, y Pavón, de Luis Mitre eran las principales estancias de la zona.
Su empuje traccionaba la producción de toda la zona y le inyectaba vida y movimiento al pueblo. Los cereales y los animales que se producían en estas estancias se iban por los rieles tendidos por el Pacifico. La Barrancosa estaba y aun esta muy cerca de Dorila. La estancia fue propiedad de los Devoto, siendo Antonio el menor de los hermanos. La había comprado para su hijo José. Allí en las más de 7.000 hectáreas que tenia el campo originalmente los Devoto levantaron una casona impresionante, como un signo inequívoco de la opulencia de familiar que los distinguía y el proyecto tuvo un arquitecto acorde al nombre de la familia: Alejandro Bustillo, el mismo que construyó el casino de Mar del Plata y el hotel Llao Llao en Bariloche.

El Club Sportivo Dorila y la Escuela 249.
El Club Sportivo Dorila ha sabido brindar el óseo sano y compartido que necesitó la gente del pueblo, los bailes que organizaba la institución duraban hasta casi el amanecer, y en esas noches de pasodobles y milonga, no faltaban la taza de chocolate con masas finas y la copita de vino y cordero con sándwich. Eso si, había que concurrir de riguroso traje y corbata al cuello.

Dorila contó con una escuela apenas dos años después de su fundación, mucho antes de la organización institucional de la localidad. En 1909 se creo la Escuela Nro. 249 que como institución ha sido un referente en el desarrollo regional. La 49 ostenta el titulo de haber sido en 1998 la escuela primaria con mejor promedio del país. Sus pupitres de madera recibieron a los chicos del pueblo durante décadas y también a aquellos que asistían a caballo desde las estancias y las chacras cercanas, aun cundo apretaba el sol del verano o calara el rigor del invierno, siempre con la compañía del viento, mas antiguo que La Pampa misma.
La Dorita
Entre las industrias destacadas del pueblo está la fábrica de Bombeadores industriales La Dorita. La Dorita porta con orgullo una prestigiosa tradición de trabajo y calidad que inició Don Pedro Moreno, un experto en cuestiones mecánicas, cuya solvencia era ampliamente reconocida en toda la zona. Debido a las necesidades de la zona, el taller de Pedro Moreno realizaba reparaciones de todo tipo de maquinarias agrícolas, pero lo que distinguió a esta industria fue la fábrica de Bombeadores industriales. Estas maquinas recias estaban destinadas a accionar en aquellos lugares donde la provisión de agua debía buscarse a grandes profundidades, a 100 o 200 metros, incluso aun mas profundo. La fabrica también construía palas mecánicas y durante muchos años fue la única en su tipo, de toda la Provincia de La Pampa. También se fabrico allí la primera enfardadora mecánica y una iledadora de excelentes resultados. Las paredes de La Dorita guardan los ecos de antiguos golpes, dados sobre el acero del yunque, moldeando el fierro al rojo vivo, con su respiración de fragua.

El Cine en Dorila
El cine ha estado presente en Dorila, por ejemplo allí está el viejo proyector Gaumnont en el museo del pueblo para atestiguar que fue así. La continuidad de las funciones fue variable a través de los años. Se trató de una iniciativa de las instituciones locales. En 1937, según consta en las actas del club Sportivo Dorila, la comisión directiva lograría la instalación de un cine propio. En la primera función se proyecto “Océano”, Dibujos animados, el Pathe Journal, Variedades y la producción Nacional “Puerta Cerrada”. Para la velada el club contaba con un viejo proyector Gaumont, que funcionaba antes en el Cine Belgrano de General Pico, que perteneció a los Filippini y que desapareció tras un incendio.

Hoy el viejo Gaumont duerme su sueño de celuloide, rodeado de las fotos y los objetos de las personas a las que supo entretener con su haz de luz. Acaso sueña, cada noche, en el silencio del museo de Dorila, con viejas películas de Joan Crawford, Greta Garbo o Libertad Lamarque. Y acaso, también alguna noche, vuelve a proyectar sobre las paredes del museo las historias que alguna vez contó.
Allí en el norte está Dorila con sus casas de fachada blanqueada, con su arboleda profunda sombreando los campos. Dorila tiene antiguas historias para contar y la paciencia para hacerlo. En sus calles el tiempo transcurre manso, atado a viejos palenques.

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