Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR, llegó a Santa Rosa para instalar a la cuestionada organización. Negó que las prostitutas que en La Pampa trabajaban en whiskerías y cabarés hayan sido “víctimas”. Contó que “el trabajo sexual me dio un empoderamiento que no me dio otro trabajo”.
“Somos putas. Putas por elección. Nos gusta, no para acostarnos con 30 tipos por día, pero sí elegimos ejercer el trabajo sexual porque reditúa mejor económicamente que otros trabajos”. La que suelta esa frase es Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR, que son las siglas de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina: la organización defiende la prostitución como un “trabajo” y pide su reglamentación.
Orellano llegó a La Pampa y generó polémica: cosechó el rechazo de numerosas agrupaciones y del Concejo Deliberante, que recordó que Argentina es un país abolicionista. La dirigente tiene otra mirada. Cree que cuestionan a las prostitutas y que se niegan a considerar la actividad como un trabajo digno “porque la cajera trabaja con la mano y nosotros trabajamos con la vagina. Ahí está el punto. Y muchos suponen que la dignidad está en la vagina, y no está en la vagina, está en otra cosa”, soltó durante una entrevista con Radio Kermés 106.1.
Llegó ante la inquietud de quienes ejercían la prostitución en whiskerías y cabarés y a partir del cierre quedaron en otra situación. Dice sin medias tintas que en esos lugares, por más que hubiera proxenetas, se sentían “protegidas”. Niega que hayan sido “víctimas”.
Sobre AMMAR dice que “las compañeras que llegan son mayores de edad. La violencia que sufrimos es por parte de la Policía, con esos códigos contravencionales que les otorgan arbitrariedad para las detenciones. Se supone que Argentina es abolicionista, ¿pero por qué persiguen a las mujeres y siguen vigentes esos códigos?”.
- ¿Vos crees que los proxenetas o los delincuentes que tenían esas whiskerías son “protectores”? -le preguntaron en Radio Kermés 106.1
- Ante la ausencia del Estado, hay otras personas que se arman esos negocios donde las compañeras se protegen. Estamos en contra de los lugares donde hay explotación y se quedan con un porcentaje. Hay muchos de esos lugares donde se sienten protegidas porque el Estado las deja en esa situación. Una cosa es cerrar esos lugares, ¿pero la respuesta es tirarlas a la calle?
- ¿Cómo considerar, en esas condiciones, que la prostitución es un trabajo?
- Es media tramposa la pregunta. Me estás queriendo poner a la prostitución como atravesada por malas condiciones laborales y que por eso no puede ser considerada un trabajo... las buenas condiciones parten de un trabajo reconocido. Somos las primeras que criticamos las condiciones de nuestro trabajo. Pero ningún trabajador va a trabajar feliz todos los días, en ningún mercado laboral. Un trabajador no elige, termina siendo explotado porque el sistema capitalista termina explotando. Por eso también existen los sindicatos, se agrupan y organizan. Pero en vez de prohibir nuestra actividad, en vez de controlar cuerpos ajenos, a la vez el Estado tiene que dar un marco regulatorio, otorgar derechos laborales, mejorar las condiciones para quienes sí queremos seguir en la actividad, pero en mejores condiciones. El Estado podría atender a los dos sectores: la reinserción de quien no quiere ejercer más esta actividad, pero atender a quienes sí. Por algo AMMAR tiene más de 20 años y son las compañeras las que convocan al sindicato.
- ¿Vos sos trabajadora sexual?
- Por supuesto. AMMAR es una organización de trabajadoras y para trabajadoras. Tengo 29 años y comencé a ejercer el trabajo a los 19 años.
- ¿En qué consiste tu trabajo, con cuántas personas estás por día, por ejemplo?
- Es un poco maliciosa la pregunta. Es como preguntarle a una empleada doméstica cuántos platos lavó, o a una moza cuántas bandejas llevó, o al albañil cuántos ladrillos levanta. No recuerdo cuántos servicios ofrecí. No recuerdo con cuántos hombres.
- Hay testimonios en los que mujeres cuentan que les ha tocado en un día estar con 15 o 20 hombres, ¿es así? No es malicioso: queremos saber cómo es la actividad que vos llamás tu trabajo.
- Lo que yo llamo trabajo es ofrecer servicios sexuales a cambio de dinero. Y lamentablemente no paso con 15, 20 o 30, sino tendría muchísimo dinero. La mayoría de clientes por día son 4 o 5, en los horarios que elijo, cuando mi hijo va al colegio. Al día de hoy trabajo más que nada con clientes conocidos, recibo muy buen trato, he hecho una gran amistad, me han ayudado a mejorar mi calidad de vida, a mudarme a un mejor lugar, a cursar mis estudios universitarios.
- ¿Alguna vez entraste en crisis con ese trabajo?
- No. Jamás. El trabajo sexual me dio un empoderamiento que no me dio otro trabajo. Algún tiempo dejé de hacerlo y busqué insertarme en otro mercado laboral, fui administrativa de una metalúrgica y no me gustó porque tenía patronal, tenía que cumplir horarios, porque me retaban, porque me pagaban muy poco dinero, y decidí volver a la esquina.
Fuente: Radio Kermés 106.1 y El Diario de La Pampa