En los últimos días (en realidad ocurre desde hace mucho tiempo), nuestra ciudad ha sido escenario de incidentes de tránsito que involucran a ciclistas. Si bien cada caso tiene sus particularidades y causas específicas, estos hechos nos invitan a reflexionar sobre una problemática que observamos a diario en las calles de General Pico: la falta de elementos de seguridad básicos, especialmente la iluminación, en quienes se desplazan sobre dos ruedas.
Circular en bicicleta, ya sea por motivos de estudio o trabajo, es una práctica cada vez más frecuente y saludable. Sin embargo, cuando arranca el día, al caer el sol o en condiciones de baja visibilidad, la bicicleta se vuelve prácticamente invisible para el resto de los conductores si no cuenta con la señalización adecuada.
Hay puntos críticos, por ejemplo las salidas de los clubes. Algunos como El Chañar y el predio de Zona Sur en Costa Brava, agregan a la problemática la falta de iluminación en la zona. "Es una boca de lobos y todos los días digo lo mismo, que milagro que no pase algo mas grave", repite una mamá en diálogo con este medio.
La visibilidad es prevención
Es fundamental recordar que la ley de tránsito establece la obligatoriedad de contar con una luz blanca fija en la parte delantera y una luz roja en la parte trasera. No se trata de una formalidad, sino de una herramienta de supervivencia. Muchos accidentes podrían evitarse simplemente permitiendo que los automovilistas y motociclistas detecten la presencia de un ciclista a tiempo.
Desde estudiantes que se dirigen a sus instituciones hasta trabajadores que cumplen sus jornadas, la invitación es a incorporar el uso de luces, tanto delanteras como traseras, como un hábito innegociable antes de salir a la calle. Un juego de luces led, accesible y de fácil instalación, marca la diferencia entre ser visto o ser invisible en la oscuridad.
Un compromiso compartido
Es necesario hacer una aclaración importante: si bien la visibilidad del ciclista es clave, la seguridad vial es una responsabilidad compartida. Muchas veces, los incidentes no son provocados por la imprudencia de quien pedalea, sino por la impericia, la falta de atención o la imprudencia de conductores de autos y motos, que no siempre respetan las distancias de sobrepaso o las prioridades de paso.
La seguridad en nuestras calles depende de todos. Por parte de los ciclistas, el uso de luces y elementos reflectantes es el primer paso para proteger su propia integridad. Por parte de quienes manejan vehículos de cuatro ruedas o motocicletas, el respeto por las normas, la reducción de velocidad y la atención constante a quienes comparten el espacio público es un deber ciudadano esencial.
Desde este espacio, hacemos un llamado a la prevención. Conducir con precaución y contar con el equipo reglamentario no es solo cumplir con la ley, es cuidarnos entre todos para evitar desenlaces lamentables en nuestra ciudad.