28 de julio, 2026
La decisión de Francia de limitar el acceso de menores de 15 años a las redes sociales volvió a poner en discusión el impacto de las plataformas digitales en niños y adolescentes. Sin embargo, especialistas advierten que una prohibición por sí sola no alcanza y que el problema requiere cambios más profundos en el funcionamiento de las aplicaciones y en la formación de los usuarios.
Mariana Savid Saravia, especialista en Neuroeducación y Ciudadanía Digital de la Fundación Lea, consideró que la medida francesa representa “un gesto que rompe la indiferencia institucional”, aunque alertó que puede transformarse en “un espejismo” si genera la idea de que el problema ya fue solucionado.
Uno de los principales puntos de debate está relacionado con la verificación de edad que deberán aplicar las plataformas. Según explicó la especialista, para controlar quiénes acceden a las redes será necesario que los usuarios entreguen más información personal, lo que abre interrogantes sobre la privacidad.
Para Savid Saravia, el foco debería estar puesto también en el diseño de las propias plataformas. En ese sentido, cuestionó el funcionamiento de algoritmos creados para mantener la atención de los usuarios mediante herramientas como el desplazamiento infinito, las recomendaciones automáticas y la búsqueda permanente de interacción.
“Mientras sigan funcionando estos sistemas pensados para capturar la atención, los efectos sobre la salud mental van a continuar”, planteó la especialista.
La especialista explicó que la preocupación por los menores está vinculada al proceso de desarrollo cerebral propio de esa etapa, ya que todavía están formando capacidades relacionadas con el control de impulsos, la regulación emocional y la evaluación crítica de los contenidos que consumen.
Sin embargo, advirtió que los problemas asociados al uso de plataformas digitales y a la inteligencia artificial también alcanzan a los adultos. En particular, señaló que las personas mayores pueden quedar más expuestas a desinformación, contenidos falsos y posibles estafas debido a menores herramientas para verificar información.
Frente a este escenario, Savid Saravia sostuvo que la respuesta no debe limitarse a impedir el acceso a determinadas plataformas, sino que debe incluir una formación permanente en ciudadanía digital desde la escuela primaria.
Según explicó, docentes, familias y profesionales de la salud necesitan herramientas para acompañar a niños y adolescentes en el uso responsable de la tecnología.
Entre sus propuestas, planteó restringir el acceso de menores de 14 años a herramientas de inteligencia artificial generativa para fortalecer previamente capacidades como el pensamiento crítico y la resolución de problemas.
También sugirió que las plataformas incorporen por defecto opciones con menos intervención algorítmica, sin recomendaciones automáticas, sin contenido generado por inteligencia artificial y con límites de tiempo configurables.
La especialista remarcó que las leyes pueden ser un punto de partida, pero que la protección de niños y adolescentes requiere una participación activa de la sociedad.
En ese sentido, destacó la importancia del diálogo cotidiano entre adultos y jóvenes sobre sus experiencias en internet.
Para Savid Saravia, acompañar y enseñar a usar la tecnología de manera crítica será tan importante como establecer límites, porque el desafío no pasa solo por restringir las herramientas digitales, sino por preparar a las nuevas generaciones para convivir con ellas.