
01 de septiembre, 2026
En el marco del Día del Criminalista —celebrado en honor al investigador Juan Vucetich—, el jefe de la Agencia de Investigación Científica (AIC), Hernán Miranda, dialogó con Radio 5 sobre el trabajo técnico y científico que hay detrás de cada hecho grave. Los desafíos de preservar la escena, el rol de la evidencia objetiva y los casos más resonantes en la región.
Cada 1 de septiembre se conmemora el Día del Criminalista, una fecha que rinde homenaje a Juan Vucetich, el croata nacionalizado argentino que logró por primera vez a nivel mundial la identificación de una persona a través de un sistema dactiloscópico. A raíz de esta efeméride, Hernán Miranda, jefe de la AIC, pasó por los micrófonos de Radio 5 para detallar en qué consiste una profesión tan fascinante como compleja.
Lejos de la ficción televisiva, Miranda definió la tarea del criminalista como un eslabón fundamental dentro de la investigación judicial. "El objetivo fundamental es la investigación de diferentes delitos o hechos que son susceptibles de investigación a través de la evidencia científica, a través de elementos objetivos", explicó.
“Hoy, cuando los científicos hablan en todo el mundo, hablan de Argentina, porque para empezar hablan de una huella dactilar; ni de Canadá ni de otro lado, de Argentina y este sistema.”
Hoy en día, la disciplina evolucionó hasta consolidarse como una ciencia respaldada por otras ramas forenses y duras. Lejos de trabajar en solitario, el equipo de la AIC actúa como auxiliar de la justicia, codo a codo con el Ministerio Público Fiscal y la Policía de La Pampa.
Con una trayectoria de 25 años en la fuerza de seguridad, Miranda relató cómo su camino se cruzó con la criminalística. Tras desempeñarse durante casi década y media en la Comisaría Segunda y pasar por diversas áreas de calle y sumarios, su interés por la fotografía lo acercó al entonces incipiente gabinete criminalístico local.
“Muchos de los criminalistas que teníamos nosotros, porque todavía quedan acá con nosotros, son policías que no tenían la formación quizás universitaria o técnica, pero sí la vocación de trabajar, de investigar, de generar aportes objetivos, ya sea levantando huellas, que es lo que siempre se hizo. Después le fuimos incorporando otros elementos a las investigaciones, como el ADN, que hoy está con mucha vigencia.”
“Empecé a tener interés por eso, me gustó mucho la fotografía y esa fue mi vinculación para pedir el traslado”, recordó. Con los años, el área creció a la par de la tecnología: se sumaron herramientas fundamentales como el análisis de ADN, luces forenses y reactivos químicos que permiten potenciar el trabajo pericial.
Uno de los grandes debates que siempre surgen al hablar de investigaciones policiales es la famosa "contaminación de la escena del hecho". Ante la pregunta de si realmente es un factor crítico, Miranda fue categórico: sí lo es, aunque el panorama actual dista mucho del de décadas atrás.
Basándose en el principio de intercambio —que postula que toda persona que pasa por un lugar deja algo y se lleva algo—, el jefe de la AIC explicó cómo opera su equipo: "Nosotros partimos de la base diciendo que la escena va a estar contaminada. El desafío es, a partir de eso, poder igual encontrar algún elemento de prueba". Mediante técnicas rigurosas y un riguroso marco de confidencialidad, los peritos logran separar la evidencia genuina de la huella de los propietarios o del personal policial.
Hacia el final de la charla, Miranda se refirió al caso más complejo y resonante que le tocó afrontar en el último tiempo: el crimen de la familia del odontólogo en la calle 1. Un crimen que enlutó a toda la ciudad.
Calificándolo como un auténtico desafío institucional, destacó el despliegue pericial realizado durante horas en el lugar del hecho. "El trabajo pericial involucró hacer pericias con un láser bien hecho, trabajar con varios equipos y coordinar con organismos de otras provincias que nos aportaron hasta para determinar el tipo de calzado que tenían colocados los autores", detalló.
Para el equipo de la AIC, aquella investigación se convirtió en una escuela de experiencia que hoy en día nutre la preparación para futuros casos, consolidando el valor insustituible de la ciencia en la búsqueda de justicia.